martes, 17 de abril de 2012

SIN CONSENSO

La Cumbre de las Américas, se desarrolló y terminó como cabía esperar. No hubo consenso en el curso de la misma. Y obviamente, no hubo declaración final. Apenas una fotografía de risueños mandatarios y cancilleres que, anteriormente, sin embargo, habían intercambio duros discursos y adjetivos. De esto último, dio la nota el Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, quien acudió en representación de un quebrantado Hugo Chávez, calificando de “perverso” e “hipócrita” a Barak Obama, cuando este reclamó la mayor transparencia en las elecciones programadas para el próximo mes de Octubre, a las que aún no se sabe si el polémico mandatario bolivariano podrá concurrir como candidato para un nuevo período.

Dos temas resultaron altamente controversiales: el régimen castrista y la posesión de Las Malvinas. Ambos vinieron a ser como el clásico clavo en el zapato en el cónclave efectuado en el agradable escenario de la histórica ciudad de Cartagena.

La inclusión de Cuba fue traída a la agenda por los más cercanos amigos del régimen castrista. Obvian el hecho de que su presencia, dada su naturaleza dictatorial, no dejaría de resultar incongruente dentro de un cónclave democrático, lo que violaría las normas morales y políticas fijadas en la Cumbre de Québec, en Canadá, en el año 2001.

Carlos Alberto Montaner lo destaca con su habitual agudeza. Han bastado once años para que los gobernantes actuales, algunos de ellos luchadores en el pasado contra los regímenes autoritarios hayan variado su postura en el caso específico del régimen castrista, donde no existe el pluripartidismo, ni la libertad de expresión, ni ninguno de las restantes derechos civiles establecidos en la Carta de las Naciones Unidas y vigentes en sus propios países.

El caso de las Malvinas, por otra parte, es de naturaleza en extremo compleja. Descubiertas por el cartógrafo Américo Vespucio, al que debe su nombre América al establecer que las tierras descubiertas por Cristóbal Colón eran en realidad un nuevo continente, fueron posteriormente colonizadas por los ingleses que le aportaron su lengua, cultura, tradiciones y descendencia. Geográficamente, la proximidad y posiblemente la legalidad parecen estar del lado de Argentina…pero cultural y emocionalmente al presente…sus pobladores parecen estar mucho más cerca de la distante metrópoli británica.

Finalmente un punto en que tampoco hubo el menor asomo de consenso es sobre el planteamiento de una posible legalización de las drogas. El Primer Mandatario de origen afronorteamericano de los Estados Unidos rechazó la idea de plano. En tanto, su Secretaria de Relaciones Exteriores, la talentosa Hillary Clinton, deslizó unas declaraciones sobre el tema que ha dado origen a las más diversas interpretaciones y especulaciones. En su boca, el reporte de prensa puso las siguientes palabras:

“El narcotráfico no puede legalizarse porque hay mucho dinero de por medio”

¿Qué quiso decir exactamente la señora Clinton? ¿Acaso que el narcotráfico que se estima mueve unos 500 mil millones de dólares anuales ha pasado a formar parte importante de la economía mundial?

La frase se las trae y da mucha tela por donde cortar; más si tomamos en cuenta que los Estados Unidos posee el más grande mercado de compra de estupefacientes para sus alrededor de 30 millones de consumidores habituales.

Esto así, salvo que al igual que con frecuencia hacen algunos de nuestros políticos cuando cometen algún desliz mediático, acuda al siempre socorrido expediente de alegar que “fue mal interpretada” por los medios de comunicación.

Mientras tanto hay margen para todo tipo de especulaciones, ya sobre esa declaración un tanto críptica de la señora Clinton, como sobre el destino y escenario en que se desenvolverá la próxima cumbre, donde para entonces de seguro, el cuadro de algunos países pudiera no ser el mismo necesariamente de ahora. Y quizás tampoco el de Cuba, impuesta a obligados reajustes que el propio Raúl Castro admitió con una frase dramática “O Cuba cambia o se hunde”, antes de dar inicio al presente proceso de cambios económicos que no pocos críticos pronostican no llenará las expectativas requeridas por considerarlos demasiado tímidos.

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