domingo, 16 de septiembre de 2012

DECLARACION DE BIENES

La desidia en unos casos y al parecer la resistencia en los demás por motivos que mueven a suspicacia, de los funcionarios públicos a hacer la declaración de bienes al comienzo y al final de su gestión, no es tema nuevo.  No obstante que la ley establece de manera expresa la obligación de ambas, la inicial dentro de los primeros treinta días de haber sido nombrados y la final, dentro de los siguientes treinta de cesar en sus cargos, ha sido tradicional el incumplimiento de ese requerimiento legal considerado esencial para garantizar su más pulcro desempeño.

En realidad no lo es tanto.   Por falta de eficientes mecanismos de comprobación, ha sido frecuente el que funcionarios hayan falseado su declaración de bienes al comienzo de su gestión, por lo general reconociendo un patrimonio inferior al real al no poder justificar su monto.  Esto lo reconoció y admitió públicamente durante el pasado período del doctor Leonel Fernández, uno de los incumbentes del entonces Departamento de Prevención de la Corrupción (DEPRECO), que por una o varias razones, nunca pudo prevenir nada y menos aún someter a la Justicia un solo expediente en casos de notoria corrupción. 

Para alegadamente evitar que la ley continuase siendo burlada, el Presidente Leonel Fernández, durante su gestión,  emitió un decreto otorgando plazos terminantes de 30 días para su cumplimiento, con tres tipos de sanciones de aplicación progresiva a los funcionarios en falta.  La primera, amonestación pública vencido el primer plazo; la siguiente, retención del sueldo vencido el segundo plazo y finalmente, la destitución del cargo llegado al plazo final. 

Pese a ello fueron numerosos los funcionarios que hicieron tabla rasa de la ley y del decreto.  La mayor parte, presentó una declaración falsa, ocultando buena parte de su real patrimonio.  No hay que significar que todas estas violaciones y actos de perjurio quedaron impunes sin que en ningún caso se aplicasen las sanciones establecidas.

 Ahora parece que la situación se repite como si fuese un mal endémico.  El Tesorero Nacional de la República en el curso de un encuentro con periodistas que cubren su área de trabajo, revela que de más de un centenar de funcionarios nombrados por la presente Administración que están obligados a cumplir con el requisito de la declaración de bienes, sólo quince lo han hecho cuando ya está al vencer el plazo de ley de los treinta días.  Y advierte que una vez que llegado el mismo, retendrá el sueldo de los que aún no la hayan presentado.

El Presidente Danilo Medina, cuyas primeras disposiciones han estado focalizadas a promover y garantizar la transparencia en el manejo de los fondos públicos, dio instrucciones precisas de que se aplique la señalada sanción en los casos que proceda.

Es de esperar que así se haga sin ningún tipo de privilegio, excepción ni ocultamiento ni importar de quien se trate.  Las primeras sanciones en caso de aplicarse servirán de advertencia al resto de que el propósito va de veras y que quienes no obtemperen a lo dispuesto en la ley serán sancionados.

Por lo demás reiteramos que si bien es un primer paso para tratar de frenar la corrupción en la Administración Pública, se precisa de dar otros complementarios y de mayor alcance.  Tal, por citar uno del que hemos hablado en ocasiones anteriores,  es  implantar en el caso de los funcionarios públicos la norma de  la inversión en el fardo de la prueba en sustitución del principio de la “presunción de inocencia” que rige en nuestro sistema jurídico hasta tanto no se produzca un fallo definitivo de culpabilidad por los tribunales.  De este modo, todo funcionario público tendría que justificar el origen de sus bienes cuando su cuantía resulte desproporcionada en relación a sus ingresos y de igual modo su tren de vida.

Esta, por consiguiente, es una primera prueba. Reiteramos que de la voluntad política que se manifieste en hacer cumplir la ley de la declaración de bienes dependerá en buena medida el éxito de la política de transparencia y honestidad que siga el presente gobierno.

domingo, 2 de septiembre de 2012

SUMIDERO MORAL II

Primero fue en la Autopista de las Américas donde bandas de malhechores se cansaron de atracar a viajeros de entrada al país, dominicanos y extranjeros. En unos casos, los malhechores despojaban a sus víctimas de sus equipajes y pertenencias en algún tramo del trayecto desde el aeropuerto a la capital. En otros, su audacia los llevó al extremo de seguirlas hasta su destino y hacerlo en las mismas puertas de sus hogares.

Denunciada de manera reiterada a través de los medios de comunicación, la situación llegó al punto de obligar a las autoridades norteamericanas a llamar la atención de sus nacionales sobre el riesgo de ser asaltados en esa vía, en caso de viajar al país. Luego, una advertencia similar fue hecha por el gobierno de Holanda a sus ciudadanos. Fue a partir de entonces que se dispuso de mayor vigilancia para poner freno a la ola delictiva. No extrañó la evidencia de complicidad de algunas autoridades de servicio en Las Américas, tanto civiles como militares y policiales.

Pero también la frecuencia de asaltos en la Autopista Duarte motivó otra vez al gobierno estadounidense a una nueva alerta a sus ciudadanos, en esta ocasión referida a esa importante arteria que enlaza la capital con Santiago y otras ciudades del Cibao. Bastó la misma para que otra vez las autoridades dieran instrucciones de intensificar el patrullaje policial en la misma.

No son los únicos casos de inseguridad vial. Casi de inmediato, ejecutivos de empresas dominicanos y extranjeros han denunciado actos de vandalismo, que crean una situación de incertidumbre y temor en el tramo de carretera Maimón-Cotuí, donde la vigilancia policial es casi inexistente. En la zona turística de Bávaro no han sido infrecuentes los atracos con extrema violencia y pérdida de vidas, de que han sido víctimas tanto criollos como turistas de distintas nacionalidades. En otras vías de comunicación del país se reportan situaciones parecidas llevadas a cabo con la mayor impunidad.

Estos hechos criminales han venido ocurriendo desde hace tiempo sin que se les prestara la debida atención y no deja de resultar lamentable que haya tenido que ser a consecuencia de la queja del gobierno norteamericano que las autoridades hayan decidido ponerse las pilas para hacerles frente. Esto así, motivado sobre todo por el hecho de ser los Estados Unidos nuestro principal socio comercial y el más importante y lucrativo mercado turístico con que contamos.

Quizás si la mitad o más de los miembros de la Policía no estuvieran realizando funciones ajenas a la institución, sobraría personal para disponer de un buen servicio de patrullaje de caminos que además de proteger a la población de estos actos de vandalismo realizados con tanta frecuencia e impunidad, nos libraría de la vergüenza de ser colocados en la picota internacional como un país inseguro.

Como recurso de consolación queda pensar que más vale tarde que nunca, siempre y cuando el incremento compulsivo dispuesto ahora en las medidas de vigilancia y protección sean de carácter permanente y no simplemente temporal hasta que baje la fiebre, como ha ocurrido en tantas otras oportunidades y situaciones.