Tres concluyentes testimonios registrados en los últimos días avalan y fortalecen el clima de seguridad del proceso electoral en que estamos inmersos y que culminará el próximo 20 de Mayo, si la elección presidencial se decide en primera vuelta.
Inicialmente, fue el externado por el equipo de técnicos enviados por la Organización de Estados Americanos para auditar el padrón electoral, que al finalizar su trabajo no se limitaron a dejar constancia de la absoluta confiabilidad del mismo sino que lo calificaron como “el mejor de la región”.
Luego, el compromiso público asumido por el Presidente de la telefónica Claro, Oscar Peña, a instancias del Presidente de la Junta, Roberto Rosario, del seguro funcionamiento de las redes por las que se habrán de transmitir los resultados de los colegios hacia el Centro de Cómputos del organismo electoral, liberando a este de toda responsabilidad sobre un aspecto técnico que no le compete y está fuera de su control.
Y como sello definitivo de garantía, las terminantes declaraciones del ex Presidente de Uruguay, Tabaré Vásquez, quien encabeza la misión técnica de la OEA y volverá al país el 15 de Mayo para dirigir los trabajos de equipo de observadores de las elecciones del organismo, al afirmar que las labores llevadas a cabo por la Junta demuestran “seriedad, responsabilidad y profesionalidad” y son una demostración de transparencia y neutralidad que constituyen un ejemplo para los países de la región.
La Junta ha venido haciendo su tarea y sorteando con gran tenacidad y habilidad, los distintos obstáculos y situaciones que han ido surgiendo en el camino de una de las campañas presidenciales más disputadas y de mayor virulencia verbal que se han registrado en el país. Más de lo que ha hecho y logrado para garantizar unas elecciones transparentes y ejemplares, como ha prometido, no se le puede reclamar.
Toca ahora a los propios partidos políticos contribuir al clima de sosiego requerido para que esa consulta popular se desarrolle en forma participativa y pacífica, de tal modo que las urnas reflejen con la mayor exactitud el deseo mayoritario de la ciudadanía. Hay que rechazar, por consiguiente, todo acto que pueda alterar la paz pública y crear una atmósfera de zozobra, intranquilidad y temor que contribuiría a una mayor abstención, que el propio Presidente de la Junta calcula en un 30 por ciento de los votantes. Esto sería también una señal negativa y un punto a tomar en cuenta por los partidos en pugna.
Hemos tenido y seguimos teniendo una guerra de encuestas sin precedentes. Nunca antes se habían divulgado tantas mediciones del mercado electoral, ni por tan numerosa cantidad de firmas encuestadoras nacionales y extranjeras. Pero hay que recordar que de nada valen los resultados de los sondeos si no se reflejan en las urnas. Es ahí donde se ganan y se pierden las elecciones.
La Junta ha hecho y sigue haciendo su trabajo. Corresponde ahora a los partidos y candidatos contribuir con su aporte al buen éxito de las elecciones. Procurar por un lado que la violencia del discurso de campaña no vaya promover un clima de indebida confrontación entre sus respectivos seguidores, provocando desbordamiento de pasiones e incidentes y choques innecesarios. Por el otro, montar una logística eficiente de motivación y facilidades para que sus seguidores vayan a votar. Porque a fin de cuentas, insistimos, de nada valen lo que digan las encuestas de un lado y de otro, frente al veredicto definitivo de la única que resulta válida: la de los sufragios que se depositen en las urnas de los colegios el 20 de Mayo, tanto aquí como en el exterior.