“De qué vale correr cuando se está en el
ruta equivocada” (Proverbio alemán).
LA
CARA POSITIVA
Aunque todavía es prematuro para emitir un juicio apropiado, si
nos guiamos por las informaciones iniciales y parciales reflejadas en la prensa
escrita, todo parece indicar que la comisión nombrada por el Presidente Danilo
Medina para negociar con la mucho más nutrida comisión haitiana algunos puntos
en conflicto, se desempeñó con mucho acierto y salió mejor librada de lo que
permitía pronosticar el escenario tan parcializado y prejuiciado que se había
montado. Parece haber quedado bien
esclarecido el punto del derecho de soberanía que asiste a la República
Dominicana de definir su política migratoria. Por otra parte, el relativo a la
garantía de los derechos humanos de los haitianos residentes y sus
descendientes resulta a todas luces legítimo.
Pero reiteramos que es esta una apreciación inicial y parcial, hasta que
se conozca en detalles y pueda ser evaluado el alcance de todo lo discutido y
acordado.
LA
OTRA CARA
La leída sección De Buena Tinta que aparece al reverso de la
última página del Diario Libre, cuya autoría se
atribuya a la pluma de Orlando
Gil, sin dudas uno de nuestros mejor informados y agudos analistas del
acontecer nacional, enfoca hoy la especial y a todas luces insólita situación
que presentan algunos parqueos vigilados por cámaras y guardianes donde se
cobra por el estacionamiento de los vehículos sin que el o los propietarios de
los mismos se hagan responsables de los daños que puedan serle ocasionados a
los vehículos y aún a la sustracción del mismo. Si se cobra por el servicio, debe estar
necesariamente incluido el compromiso de velar por su conservación y asumir la
responsabilidad de indemnizar al propietario en caso de daños o robo del
mismo. Preciso que se fijen normas claras
sobre este tema que bien pudiera resultar de la competencia de PRO-CONSUMIDOR, en cuya dirección ha sido confirmada por dos
años más su actual y dinámica directora, Altagracia Paulino.
EL
TIRO RAPIDO
Mario
Rivadulla
Miércoles
8, 01, 14
RESPONSABILIDAD
COMPARTIDA
El cuadro que ofrecían ayer las escuelas públicas pese a ser
reiterativo, no podía resultar más penoso y vergonzoso. Aulas con apenas dos, tres, cuatro alumnos y
detrás y alrededor de ellos el espectáculo desértico de decenas de pupitres
vacíos.
Cada vez que se produce un feriado, al día siguiente se repite la
misma escena. No hay manera de que las
clases puedan reanudarse. De nada valen
las apelaciones del propio Ministro de Educación, de nada los recordatorios y
las exhortaciones a través de los medios de comunicación. Es como predicar en el desierto. Voces que no se escuchan. Palabras que se
pierden en el viento.
La educación pública es junto a la salud el más importante
servicio social que debe prestar el Estado.
Y los gobiernos están en la obligación de satisfacerla. La presente administración no obstante haber
encarado un desproporcionado déficit fiscal, cumplió con la promesa de darle
real vigencia a la ley que dispone la entrega del cuatro por ciento del
Producto Interno Bruto para la docencia.
Fue un gran esfuerzo presupuestario que se ha repetido este año, con recursos aún más amplios.
A los maestros toca asumir con la mayor seriedad la tarea de
educar a los alumnos que es mucho más que simplemente enseñar, por cuanto
comprende la misión superior de formar.
Y para ello deben estar debidamente preparados. Entender que impartir
docencia no es simplemente un medio de subsistencia.
A la entidad que los representa, la ADP, acabar de asumir el
compromiso de que no se pierda un solo minuto de clases. De adoptar métodos de
lucha gremial que no impliquen huelgas ni paralización de las aulas, por la
razón que sea, porque ninguna será más
válida que el perjuicio que se le origina a la enseñanza.
Pero la principal responsabilidad de la educación de los hijos no
es ni del Estado, ni de los maestros, ni de la Asociación Dominicana de
Profesores. Es de los propios
padres. Una responsabilidad que hay que
satisfacer tanto en el hogar como en la escuela. En el primero, educando con el propio ejemplo. Y con respecto a la segunda, procurando que
sus hijos no dejen de asistir a clases ni un solo día, salvo por enfermedad o
razón de fuerza mayor. No solo eso, sino
también dándole estricto seguimiento a su comportamiento y aprovechamiento y participando
en la forma más activa posible en las reuniones de padres.
El gobierno ha cumplido con el cuatro por ciento. Costea el
desayuno escolar. Entrega materiales de estudio. Imprime crecimiento al programa de tanda extendida. Construye miles de aulas. Trata de elevar el nivel académico del
magisterio, en particular de aquellos maestros que acusan un alto déficit de
preparación. Y en adición, lleva a cabo
un esfuerzo complementario de gran
importancia como es el Plan de Alfabetización.
Pero insistimos: promover
la educación, base indispensable para impulsar el progreso y promover el
bienestar colectivo, es una tarea común de responsabilidad colectiva que toca ser asumida,
de manera primaria y principal, por los padres de los propios alumnos. Porque de lo contrario, ni con el cuatro
por ciento ni con todos los recursos del presupuesto nacional podremos hacer
realidad el ideal de lograr una educación de calidad.
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