Sería de impacto mediático y causaría asombro, si no fuera porque se trata de una situación recurrente, el titular principal del periódico Hoy revelando la existencia de una red delictiva que operaba desde una celda del sobrepoblado Penal La Victoria. La misma se dedicaba a clonación de tarjetas de crédito y débito así como transferencia ilegal de fondos mediante el Internet Banking.
Como cabecilla de esta red criminal se responsabiliza al recluso Ramón Luciano Sánchez Castillo, apodado La Cobra, al que se le ocuparon en su celda nada menos que seis teléfonos celulares y setenta y nueve chips o tarjetas Sim de diferentes compañías telefónicas así como un listado de clientes de las instituciones bancarias que serían víctimas del fraude. Como cómplices se señala a varios empleados bancarios que suministrarían las informaciones requeridas para operar el ilegal negocio.
Ahora bien…¿es concebible pensar que esa es toda la historia? Lógico que estén vinculados empleados de los bancos afectados. Pero… ¿y esos seis celulares? ¿Cómo entraron en la prisión? ¿Acaso no se anunció una disposición hace algún tiempo prohibiendo la entrada y uso de celulares por los reclusos? Y una vez dentro, ¿cómo un recluso ha podido disponer de media docena de celulares con total desconocimiento de las autoridades?
Por imperativa lógica hay que concluir que la entrada y el uso de los mismos solo puede haber sido posible con la complicidad de uno o más custodios del penal, donde al igual que ocurre en todas las cárceles del mundo siempre se dispone del auxilio de reclusos que se prestan a servir de soplones de las autoridades a cambio de determinados beneficios. Pero ni unos ni otros parecen haberse enterado.
Pero como señalamos al principio, no hay por qué extrañarse si recordamos que en nuestras cárceles, las del llamado sistema penitenciario antiguo, entra y ocurre de todo con casi absoluta impunidad, solo quebrantada en muy contadas ocasiones.
¿Acaso no era desde allí que el fallecido Rolando Florián Féliz, el más importante capo condenado y encarcelado en el país, siguió dirigiendo hasta su muerte su imperio de drogas, aún desde la celda de máxima seguridad en que supuestamente se encontraba confinado y que más parecía una suite de lujo? ¿No son muchos otros los negocios turbios y los imperios criminales que se siguen manejando desde tras las rejas? ¿No ha sido desde la prisión que se han ordenado muertes, ejecutadas inclusive dentro del propio recinto carcelario?
En los centros penitenciarios se introducen drogas, bebidas alcohólicas, prostitutas, hasta armas de fuego. Y no es precisamente por arte de magia. Tampoco lo es el que en ocasiones hayan sido detenidos individuos por la comisión de un crimen que estaban condenados y supuestamente en prisión, sin que nunca se haya explicado la forma misteriosa en que encontraban en la calle y no encarcelados. Personas de la máxima confiabilidad, han dado testimonio de ver reclusos sancionados en restaurantes y hasta sitios nocturnos de esparcimiento.
Volviendo a La Cobra, sus seis celulares, sus 79 chips, su lista de víctimas y su red de fraudes bancarios insistimos en que la investigación tiene que ser profundizada a lo interior del penal. Porque el negocio ilegal no hubiese podido montarse y operarse exclusivamente con los cómplices del exterior si no estuviesen también implicados elementos de dentro.
Por lo demás, parecería que luce ocioso y una lamentable pérdida de tiempo seguir llamando la atención sobre la vulnerabilidad de un sistema carcelario donde todo parece posible…hasta lo que pueda lucir imposible y los supuestos correctivos que se anuncian de tanto en tanto, apenas material para consumo mediático.
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