martes, 7 de febrero de 2012

UNA NUEVA TRAGEDIA

De nuevo la tragedia de los fatídicos viajes en yola vuelve a tocar a la puerta de decenas de hogares. El anhelo de un grupo de ilusos en busca de mejores horizontes, terminó de modo trágico precisamente a la altura de la bahía de Samaná, una de las más hermosas del país y de la región. El mar lo devolvió en cuerpos sin vida. Es una nueva cosecha de muerte, fruto de mercaderes sin conciencia, que atesoran millones jugando a una especie de ruleta rusa con el destino de infortunados y crédulos seres humanos.

Hasta ayer el número de cadáveres rescatados era 19, entre ellos 8 mujeres, una en estado de gestación. Pero el de desaparecidos sobrepasa con creces esa cantidad y en la medida que pasan las horas, decrecen las posibilidades de hallarlos con vida. Apenas quedará el consuelo de rescatar sus restos antes de que sean devorados por el mar y las especies predadoras para darles cristiana sepultura.

Muchos por no decir todos, pagan fuertes sumas por correr el riesgo. Algunos, todos lo que poseen y lo que consiguen prestado. Hay quienes hipotecan la vivienda y hasta el pedazo de tierra de cultivo que poseen. Van a la búsqueda de un sueño que termina en pesadilla.

De nada valen las experiencias trágicas de los que perecieron antes. Las fílmicas y fotos impresionantes de sus cuerpos hinchados, ya sin un hálito de vida. El relato de la forma irresponsable, criminal más bien, en que son llevados en yolas endebles y sobrecargadas a realizar la peligrosa travesía.

De nada parece servir tampoco la realidad de una supuesta tierra de promisión que ha dejado de serlo, golpeada por la dura crisis financiera que ha tocado a sus puertas con fuerza, derribando centenarios íconos emblemáticos de su hoy decantado poderío económico que parecían inconmovibles e inexpugnables al paso del tiempo y de las eventualidades más infortunadas.

Vencer las encrespadas aguas del estrecho que nos separa de la Isla del Encanto, burlar la guardia costera, llegar a la orilla, estar en permanente riesgo de tropezar con la autoridad para sufrir la humillación de la deportación que nos devuelve al lugar de origen, ser expoliado por quienes se aprovechan de la condición de ilegal, vivir marginado en una tierra ajena y extraña…¿vale en verdad la pena? ¿representa algún futuro?

Hoy Puerto Rico sufre los efectos de la seria crisis que abate su fuente nutricia: los Estados Unidos donde el desempleo ha alcanzado niveles sin precedentes, se promueven leyes contra los ilegales, se les persigue y se les acosa. Donde los mismos nacionalizados y residentes legales confrontan dificultades para poder sobrevivir porque la ley, aunque les otorga igualdad jurídica, a fin de cuentas no los hace iguales en la realidad. El discrimen sigue presente.

Pareciera que todo esto, dicho y repetido una y otra vez, fuese esfuerzo perdido, palabras que se lleva el viento y no dejan ningún sedimento de buen juicio y prudencia en la mente de quienes viven obsesionados por el sueño de emigrar a como de lugar. Pero hay que seguir insistiendo, aunque sea como machacar en hierro frío, siempre con la esperanza de que algún oído le preste atención. Un proverbio chino dice que quien salva una vida, salva a la humanidad. Una sola vida que se pueda rescatar de la incierta aventura, justifica la reiteración del mensaje.

En cuanto a los organizadores, gente sin conciencia, que al amparo de bien retribuídas complicidades son impunes pregoneros de cantos de sirena que tantas veces terminan en lúgubres tañidos de muerte y sus protectores y socios toca a las autoridades perseguirlos sin tregua y a la Justicia sancionarlos sin clemencia como vulgares criminales que son.


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