lunes, 22 de marzo de 2010

PALABRAS DE MARIO RIVADULLA DURANTE EL HOMENAJE QUE LE FUE RENDIDO POR AMIGOS CUBANOS Y DOMINICANOS.

HOTEL DOMINICAN FIESTA.

19 DE MARZO DE 2010.

Queridos amigas y amigos:

Gracias a todos por su compañía.

Hace algunos años me tocó asistir a un acto donde se anunciaría el personaje del año del sector que lo convocaba. Cuando éste se dio a conocer el seleccionado se acercó al podio, exhibió su mejor rostro de sorpresa y dijo con voz entrecortada que se hallaba muy emocionado porque nunca pensó que sería la persona escogida esa noche. A continuación, extrajo del bolsillo interior de su saco un voluminoso legajo de cuartillas y con la mayor tranquilidad de conciencia nos endilgó un interminable discurso agradeciendo la distinción que según había expresado anteriormente, lo había tomado totalmente desprevenido.

No es mi caso. Yo sabía desde hace días de este acto y no me voy a hacer el ignorante ante ustedes, pero sí confesarles que aún descartada toda sorpresa, estar aquí me origina emocionada gratitud y me sigue haciendo sentir que estoy disfrutando de un honor inmerecido, solo dictado por el afecto, al cual no debo corresponder agobiándoles con una larga perorata.

De entrada mi agradecimiento a los amigos que lo han convocado. A Adriano Miguel Tejada, en quien percibí tantos tempranos valores al igual que en José Rafael Lantigua cuando para mi suerte, fui a conocerlos a Moca hace ya casi cuatro décadas; Miguel Guerrero, que es la suma de muchos talentos; José Israel Cuello, de tanta agudeza analítica y tan definido con la causa de Cuba; los talentosos Eduardo Valcárcel y Fernando Ferrán con quienes me honra colaborar; Antonio Emilio Ornes heredero de una sólida tradición periodística que él ha sabido enriquecer con sus propios méritos; Ramón Valdés, que ha dado nueva vida a la Asociación de Cubanos; Raúl Varela quien le dio sostén cuando la presidió; mi querido Pedro Ramón López, de quien sospecho es eje de toda esta especie de conspiración de cariño y sus cómplices Ramón y María Elena; Juan Francés digno representante de nuestra querida Solidaridad de Trabajadores Cubanos; Camilo Venegas, Iván Carrión, Luis Ruisánchez quienes con su capacidad y persistente preocupación por Cuba son fuente de inspiración para todos y aquel que he dejado de último con derecho a ser primero, mi compadre Cecilio Vázquez, hermanado en todas las circunstancias.

Gracias por su presencia a mi antiguo compañero de celda, el padre Bazán y al incansable Padre Carles con el refuerzo ahora del Padre Pedroso, quienes tienen la difícil misión de pavimentarme el camino al cielo para lo cual por cierto debo advertirles que van a necesitar una gran provisión de paciencia y asfalto, y mis querido médico Julio de Peña y Ricardo Roque y en ellos a todo el valioso equipo de galenos dominicanos y cubanos que me honran con su amistad y cuyas dedicadas atenciones profesionales son responsables en buena medida, de que haya llegado en pie a los umbrales de mi octava década de vida.

Ha pasado más de medio siglo. Es todo un reto a la paciencia, la fe y la perseverancia. Pero alienta comprobar que sin concesiones a la fatiga y al desaliento,hay quienes mantienen viva la causa de Cuba allá y aquí. Hoy la hemos vuelto a recrear con la habitual brillantez que le concede abogar por causa justa, a través de mi querido Carlos Alberto Montaner, víctima de campañas calumniosas que siempre han encontrado el escollo insalvable de su indeclinable coraje.

Vive en el sacrificio de Orlando Zapata, que completó con varonil decoro su calvario y martirologio. Masiva ha sido la reacción de repudio a una muerte que por evitable, carga como crimen en la cuenta de sus carceleros. Pero si tuviera que escoger una frase de condena, entre tantas que se han expresado, me quedaria con una que no procede del exilio ni de la disidencia ni de las distinguidos intelectuales y artistas de renombre que han sumado sus voces de repudio, sino de quien durante tantos años fue en el campo del arte, una de las figuras más representativas del régimen: el cantautor Pablo Milanés, que a preguntas de un periodista que le inquirió su opinión sobre el hecho respondíó con una frase lapidaria “las ideas se discuten, no se encarcelan”. Y yo agregaría, y tampoco se asesinan.

Vive en el psicólogo y periodista independiente, Guillermo Fariñas, ex combatiente de Angola a las órdenes del fusilado Arnaldo Ochoa, en su huelga de hambre reclamando la liberación de los prisioneros políticos enfermos, su número 25 en los últimos 15 años, de los cuales 11 en prisión.

Vive en los más de doscientos prisioneros de conciencia condenados por el solo derecho a disentir que en Cuba es delito, en juicios arbitrarios que constituyen una afrenta al más elemental sentido de la justicia.

Vive en la diaria agonía de la disidencia sometida al continuo acoso de los esbirros civiles y uniformados del régimen.

Vive en las valerosas Damas de Blanco, vejadas, brutalmente atropelladas física y moralmente, en escenas que han dado la vuelta al mundo y que constituyen el testimonio más contundente y convincente de la naturaleza represiva de la más antigua dictadura sucesoral que registra la historia de América.

Vive en los cubanos de aquí y toda la diáspora que mantienen encendida en sus corazones la llama del patriotismo.

Vive aquí, entre nosotros, en el recuerdo de los que ya no están. De Samuel y Alicia Lesnik, que me brindaron mi primer hogar en el país con el agregado del más generoso afecto; de Orestes Martínez, su hermano Pedro y Mima; del fraterno Armando Lemus; de Aurelio Linares; Barlettica; Ildefonso; García Serra, responsable en gran medida de que Martí tenga su estatua en tierra dominicana; de Teobaldo Rosell, que sin conocerme me gestionó la entrada al país a solicitud de un amigo común; de Sánchez Mena; del incansable Danilo García y de tantos otros que se nos fueron en este medio siglo de ausencia, sin ver cumplido su sueño de retorno.

Si alguien me preguntase hoy cómo y cuándo finalizará esta lucha, debo que confesarles que no tengo la respuesta que seguramente quisieran oir y que yo mismo anhelaría. Pero sí estoy convencido de que la represión de un régimen no es muestra de fortaleza sino de debilidad y que tarde o temprano, de una forma u otra, como mandato inexorable del devenir histórico, por encima de la tragedia infinita de hoy, sobre el dolor y horror acumulados durante estas cinco largas décadas, se levantarán los cimientos de una nueva Cuba que sirva como ejemplo de democracia integral y funcional, justa y progresista, que pudo y debió haber comenzado a ser ese primero de enero de 1959, si la más desmedida y enfermiza ambición de protagonismo y poder personal no hubiesen pesado más que el destino y el derecho a la felicidad de un pueblo.

Hay que seguir hablando de Cuba. Machacando su causa, una y otra vez, sin desmayos, sin preguntarnos cuándo ni cómo, con la sola retribución del deber cumplido, hasta que oídos hoy sordos escuchen sus lamentos y reclamos y ojos aún ciegos perciban la magnitud de su tragedia y comprendan además que en Cuba no se está jugando solo la suerte de los cubanos, sino que están en juego preciados valores de alcance universal como es el pleno ejercicio de derechos civiles que son consustanciales a la dignidad de todo ser humano y que en esta América actual, nuestra América, está mostrando cada vez más preocupantes signos de deterioro y eventual desaparición.

Y de mi ésta, mi otra patria ¿qué puedo decir? Fue amor a primera vista. El flechazo resultó instantáneo. Cierto que ya habíamos tenido tempranos escarceos sentimentales en Cuba, donde la causa antitrujillista era asumida como propia y pudimos trabar contacto con el numeroso exilio dominicano que allá encontró amplia acogida a sus esfuerzos libertarios. Pedro Mir, Velázquez Mainardi, Miolán y otros anudaron lazos de primerizo afecto que luego de involuntaria interrupción fueron retomados aquí, cuando por las mismas razones debimos realizar a la inversa el camino que ellos habían emprendido anteriormente.

Llegado por azar, me fascinó el reto de un pueblo en proceso de curarse del síndrome trujillista, de superar los miedos y arrancarse las mordazas de treinta años de degradante opresión y de las heridas aún sangrantes de una revolución costosa en vidas, para reemprender la larga y casi siempre traumática andadura de transición de un régimen unipersonal y absolutista, avaricioso y cruel a una sociedad abierta y plural. Todo un reto de acción para quien durante una década había visto encadenados su energía y su ideal de ser útil a la colectividad. Un país parecido a Cuba, hermanado con Cuba por historia y geografía, por idioma y costumbres, por lazos de afecto y solidaridad, por el regalo inapreciable de un Máximo Gómez, de incansable admiración, que comparte con el pensamiento luminoso de José Martí la gloria señera de haber hecho fructificar la semilla de nacionalidad que antes había plantado el presbítero Félix Varela.

Y claro el camino escogido, no podía ser otro que el del periodismo cuando se lleva en la sangre y se respira por todos los poros. Joaquín Custals, pionero de la radio que me confió los espacios noticiosos de La Voz del Trópico y Elizardo Dickson que lo hizo al mismo tiempo con Radio Cristal; Rafael Molina Morillo que de columnista de El Nacional pasó a designarme editorialista del periódico y de la revista Ahora; Germán Ornes, quien por dieciocho años me mantuvo como columnista de El Caribe y coeditorialista en sus ausencias y hasta el final de su vida me dio constantes muestras de confianza y amistad y posteriormente su hijo Antonio Emilio; mis compañeros de televisión en diferentes épocas Haydée Kuret, Ramón Puello Báez, el propio José Rafael Lantigua, Adriano Miguel Tejada, José Rafael Vargas y Orión Mejía hasta que en el caso de estos tres últimos resulté víctima de sucesivos y todavía impunes hurtos presidenciales. A mis actuales compañeros Alex, Freddy, Ramón, Dilenia y Audelisa. Un lugar especial para Joaquin Ascención que empezó conmigo su carrera periodística y me ha acompañado y soportado estoicamente hasta el dia de hoy. Son todos nombres vinculados a mi trayectoria periodística en el país.

Aquí tuve la suerte de hallar patria adoptiva y el hogar soñado con mi esposa Dulce modelo de amor firme como roca, soporte en las horas difíciles, y tres maravillosos hijos que se suman a mis dos también maravillosas hijas cubanas. He podido desarrollar mis actividades con entera libertad y en forma fructífera. El nombre de Frank Marino Hernández, ido a destiempo cuando todavía le quedaba mucho talento por aportar al país y los apellidos Viyella, Vicini, Bonetti y León están uncidos a mi existencia con lazos por mi parte indisolubles de leal amistad, al brindarme su sostenida confianza y demostraciones de afecto que trascienden con creces los simples límites de nuestra relación profesional. A ellos mi reconocimiento y gratitud.

A través de mi profesión, como periodista y como consultor, he tratado de servir a la sociedad a la que pertenezco en cuerpo y alma, en la mayor medida de mis modestas capacidades. Es tanto y a tantos lo que debo que sé que jamás alcanzaré a retribuir lo mucho que he recibido. Pero espero al menos que cuando llegue la hora de la partida definitiva, pueda hacerlo con la tranquila convicción de que no escatimé ni un solo instante ni un solo esfuerzo por reducir esa impagable deuda.

Creo que ya he dicho bastante. Espero no haberlos fatigado en demasía con este apresurado memorial de gratitudes. Sé que son muchos más los que debieran aparecer en estas breves cuartillas. Pero hacerlo sería impropio de la ocasión. Más sepan todos que les guardo un lugar permanente en mi memoria y en mi corazón.

Las palabras sobran. El tiempo apremia y la vida se va acortando. Hay mucha tarea por hacer por mis dos patrias: Cuba y República Dominicana. Ambas me duelen, a ambas las amo por igual y para ambas sueño el momento en que lleguen a ser faros relucientes de democracia, libertad, justicia y bienestar y donde como postuló José Martí, venerado allá y aquí, el respeto a la dignidad plena del ser humano sea su ley primera y fundamental.

De nuevo muchas gracias por su generosa presencia.

Homenaje a Mario Rivadulla por aportes a la democracia








Tomado de El Listín Diario
3/20/2010
Luis Beiro/

Santo Domingo.- Más de doscientos cubanos y dominicanos amigos de Mario Rivadulla abarrotaron el salón La Goleta del hotel Dominican Fiesta para rendir tributo al reconocido periodista por sus aportes profesionales y al desarrollo de la hermandad de los países caribeños, así como al restablecimiento de la democracia en Cuba.

En el acto, que contó con la invocación del padre Gustavo Carles, el escritor cubano Carlos Alberto Montaner pronunció la conferencia “La Generación del Centenario en Cuba, lo malo y lo bueno”, en franca alusión a las actuaciones del homenajeado y del ex presidente de Cuba, Fidel Castro, miembros ambos de esa generación pero que asumieron caminos distintos en relación con el compromiso con la patria. El director de Listín Diario, Miguel Franjul, fue invitado a la actividad.

Mario Rivadulla, de 82 años, llegó a Santo Domingo con visa de tránsito en México en 1970, despues de sufrir cárcel en su patria natal por motivos políticos.

Durante sus 40 años de vida dominicana además del ejercio del periodismo escrito, radial y televisivo ha trabajado con varios grupos económicos como Vicini, Viyella, Bonetti y León. En el encuentro, el ministro de Cultura, José Rafael Lanitgua, resaltó su amistad con el homenajeado desde sus primeros momentos en el país y valoró altamente su signifi cado para el desarrollo del periodismo, su calidad como ser humano y su sentido de la ética.

Un grupo de instituciones, entre ellas la Asociación de Cubanos en la República Dominicana, entidad de la cual Rivadulla fue su presidente en varias ocasiones, entregaron reconocimientos por sus valores y méritos.

Con emotivas palabras de gratitud, Mario Rivadulla recordó sus días dominicanos y mencionó a muchas de las personas que le tendieron la mano generosa cuando era un recién llegado que, con su familia a cuestas tuvo que “trabajar muy duro” para poder salir adelante.

El diputado Pelegrín Castillo, el presidente del Club Rotario de Naco, Ambiorix de la Cruz, el presidente del Comité Permanente del Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano, Luis Scheker Ortiz, la subdirectora de Diario Libre, Inés Aizpun, y los funcionarios del grupo Vicini, Eduardo Valcácer y Fernando Ferrán, entre otros, también asistieron al reconocimiento que contó con la maestría de ceremonia de Cecilio Vásquez.


Siempre llega la hora para el fin de las dictaduras

La muerte del disidente cubano Orlando Zapata al cabo de 85 días de huelga de hambre en protesta por los maltratos carcelarios, evitable según reconoce el Parlamento Europeo al condenar el hecho y demandar la libertad de los presos políticos cubanos y que, por consiguiente, se convierte en un crimen en la cuenta del régimen cubano, ha sacado de nuevo a flote el carácter autoritario e intransigente de la dictadura hereditaria más antigua del Continente.

A la muerte de Zapata y en protesta por la desidia, indiferencia y crueldad mostrada por sus carceleros, ha seguido otra huelga de hambre, la número 25 en los últimos quince años de los cuales ha estado once en prisión. Se trata del disidente cubano, Guillermo Fariñas, psicólogo y periodista independiente, antiguo miembro del Partido Comunista y combatiente en Angola a las órdenes del fusilado general Arnaldo Ochoa. Otro caso que es seguido con tenso interés por la comunidad internacional, principalmente los países de Europa que mantienen una sostenida vigilia por la situación en Cuba y la precaria condición de los derechos humanos.

Han sido inútiles los esfuerzos de la cada vez más desacreditada maquinaria propagandística del gobierno heredado por el segundo de los Castro, para tratar de desdibujar el dramático gesto de denuncia que ha representado el martirologio de Orlando Zapata al pretender presentarlo como un delincuente común. El intento se ha estrellado contra la firme posición de Amnistía Internacional que acogió a Zapata al igual que a otros disidentes cubanos encarcelados como prisioneros de conciencia.. Y de igual modo contra la recia condena acordada por abrumadora mayoría por el Parlamento Europeo así como el documento que encabezado por una serie de prestigiosas personalidades del arte, la cultura y la intelectualidad con el endoso de miles de firmas, demanda abrir las rejas de las cárceles donde más de doscientos prisioneros políticos purgan largas condenas de 20 y más años sin ser terroristas, ni haberse alzado en armas, ni promover atentados, ni participar en conspiraciones sino tan solo por el derecho a pensar y expresarse libremente.

Como para no dejar dudas de la naturaleza del régimen, a la muerte de Zapata ha seguido un aumento de la represión. Las escenas que muestran a las llamadas Damas de Blanco, madres, esposas e hijas de los presos políticos reclamando pacíficamente su libertad, atropelladas por grupos de paleros y por las propias fuerzas uniformadas en forma brutal en tres ocasiones consecutivas en otros tantos días, han dado la vuelta al mundo. Nadie que tenga ojos para ver puede ignorar el carácter detestable de los abusos de que han sido víctimas, por más que algunos por complicidad, oportunismo o cobardía se empeñen en no reconocerlo.

Un gobierno tiende a ser más represivo en la medida en que se siente más inseguro. La represión no es síntoma de fortaleza, sino de debilidad. Hoy, al cabo de más de medio siglo de reiterados fracasos económicos, Cuba no pasa de ser un Estado quebrado y una sociedad anclada en permanente mendicidad pese a disponer de un territorio rico y un pueblo capaz que siempre marchó a la cabeza de la región y el mismo Continente. Y las promesas reiteradamente incumplidas de una prosperidad que cada día luce más distante, ya no dejan espacio para año alimentar nuevas esperanzas, mucho menos reconocer el derecho de la gente a pensar y expresarse con libertad.

Quizás la reacción más contundente y convincente a la muerte evitable, crimen por tanto, de Orlando Zapata en reclamo de su derecho a disentir, fue la de una figura emblemática del propio régimen en el campo del arte: el cantautor Pablo Milanés quien en una entrevista de prensa al pedirle que opinara sobre el hecho, se limitó a contestar “las ideas se debaten, no se encarcelan”. Y nosotros agregariamos, tampoco se matan.

TELEDEBATE. Telefuturo, Canal 23. “teledebate(a)hotmail.com”


Contradicen la realidad los informes sobre Derechos Humanos

Como orquestados en tiempo y contenido, con apenas pocos días de diferencia, se dan a la luz pública sendos informes sobre la situación de los derechos humanos en el país por parte del Departamento de Estado de los Estados Unidos y de la Organización de las Naciones Unidas.

Las imputaciones versan sobre temas recurrentes: los intercambios de disparos, atropellos de la autoridad policial contra los detenidos, la situación de las cárceles y el trato a los inmigrantes haitianos, donde inclusive se llega al punto de pretender imponer normas migratorias y de nacionalidad que son derechos privativos de todo Estado y que constituyen un flagrante desconocimiento y vulneración las leyes dominicanas y fallos de la Justicia a su más alto nivel, la Suprema Corte, los cuales crean jurisprudencia.

En el primer caso se sabe que el famoso informe del Departamento de Estado sobre la situación de los derechos humanos a nivel internacional, incluyendo la República Dominicana, obedece a un requerimiento congresional. Sin embargo, el no ir acompañada esta demanda de los fondos requeridos para realizarlo a conciencia impide llevar a cabo el necesario trabajo de campo. El expediente se cubre entonces, con simple labor de escritorio, acudiendo al archivo, leyendo las informaciones de algunos medios y consultando alguna que otra opinión casi siempre interesada y carente de la indispensable objetividad. Al final, lo que sale es una copia con muy ligeras variantes de forma más que de fondo, que es repetitiva de año en año de informes de mucha antigüedad.

En cuanto a la ONU, el organismo internacional acusa una serie de fallas muy lamentables y de agudas contradicciones internas que se manifiestan sobre todo precisamente en el campo de los derechos humanos, pese a que en su seno toman asiento y con gran capacidad de decisión y de veto gobiernos que practican la discriminación en todas sus formas y son violadores constantes e impunes de los mismos. En tanto, exigen al país erradicar un alegado racismo, eliminar un presunto maltrato a los inmigrantes haitianos, establecer pautas para la concesión de la nacionalidad dominicana como si fuesen inexistentes y no estuviesen establecidas en la Constitución y demandar que nuestro gobierno colabore con el de Haití para dotar de documentación a sus nacionales aquí cuando es a la inversa, el de allá, que carece de registro, es el que debe colaborar con el nuestro donde sí contamos con él.

Lo paradójico es que toda esta campaña orquestada al mismo ritmo se produce en los precisos momentos en que República Dominicana ha dado las más claras notaciones de todo lo contrario, tanto en haber sido la primera nación que hizo acto de presencia y llevó ayuda de socorro a Haití como el gobierno en llevar la voz cantante en movilizar la ayuda internacional para la reconstrucción del país vecino.

Desfasados del sentido de oportunidad, ya que no pudieron haber escogido un momento peor para señalamientos que chocan con la realidad, tanto en un caso como en el otro los tales informes no merecen más que ser calificados como puras payasadas de escritorio producidas en despachos bien refrigerados, muy distantes de los escenarios donde se desenvuelve la tragedia haitiana y de las muestras palpables de la firme solidaridad mostrada por nuestro país a favor del infortunado vecino, que a quienes los elaboraron de seguro no les ha quitado de un minuto de sueño.

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miércoles, 10 de marzo de 2010

Día Internacional de la Mujer

Tiro Rápido

8 de Marzo de 2010


Hoy se celebra el Día Internacional de la Mujer. La fecha se instituyó en reconocimiento a la lucha que a lo largo del tiempo en distintos países y pagando un elevado precio en sacrificios y sufrimientos, incluyendo las vidas de no pocas, grupos de mujeres valerosas y abnegadas lograron el reconocimiento de sus derechos civiles y el libre acceso a todas las actividades económicas, sociales y políticas. De significar que esa lucha se mantiene todavía en pie en muchas sociedades atrasadas, enquistadas en absurdos prejuicios, valores arcaicos y torcidos donde la mujer es considerada como un ser inferior y sometida en no pocos casos a crueles prácticas aberrantes.

La historia del país conserva para la posteridad los nombres de mujeres notables. Juana Saltitopa, María Trinidad Sánchez, Aurora Tavárez Belliard,María Corominas, Rosa Duarte, Salomé Ureña, Amada Nivar y más recientemente Aniana Vargas, entre otras sin dejar de lado a Mamá Tingó y como símbolo de supremo sacrificio las Hermanas Mirabal.

En República Dominicana es justo significar que los esfuerzos de la mujer por lograr su espacio en la sociedad han resultado menos traumáticos y dolorosos. En los últimos veinte años, sobre todo, la mujer dominicana ha ido liberándose progresivamente de las cadenas que frenaban su plena realización en igualdad de condiciones que el hombre y ha logrado avances considerables en este sentido.

Bastaría llevar a cifras la gran cantidad de mujeres que se desempeñan en puestos de mando. Que son líderes empresariales, abogadas, médicos, educadoras, literatas, artistas, ingenieras, arquitectas, economistas, sociólogas, productoras agrícolas, industriales, comunicadoras, jueces, ministros, legisladoras, regidoras y alcaldesas, si bien es de advertir que en estas últimas posiciones de carácter público su proporción es mínima en relación al hecho de que al presente, constituyen más del cincuenta porciento del electorado. Ellas se desenvuelven inclusive en actividades que tradicionalmente se consideraban de exclusiva competencia del sexto masculino, como son la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas, donde ya miles de mujeres visten el uniforme y alcanzan hasta las posiciones más elevadas. En cuanto a su espíritu de superación, bastaría para evidenciarlo el hecho de que aproximadamente seis de cada diez estudiantes a nivel universitario son mujeres.

No quiere decir en modo alguno, sin embargo, que la mujer dominicana haya alcanzado la plenitud de sus derechos y de igualdad con el hombre. Todavía en nuestra sociedad, machista por excelencia y tradición, prevalecen muchos prejuicios contra la mujer y es víctima de una gran dosis de discrimen. En muchos casos, el número de mujeres en profesiones y posiciones de relevancia no disfrutan del mismo trato que los hombres en igualdad de condiciones. Más aún: todavía una gran cantidad de mujeres son víctimas de maltratos físicos, psicológicos, sociales y sexuales que en casos extremos alimentan el elevado índice de feminicidios que registramos cada año.

Por suerte las mujeres cuentan con un número cada vez mayor de esforzadas líderes que día a día encabezan la lucha por cubrir el trecho que aún les falta por recorrer para el total disfrute de sus derechos y legítimas aspiraciones. Hoy un buen número de ellas van a ser reconocidas en el Palacio Nacional por el Primer Mandatario. Otras lo serán en sus respectivas instituciones.

Para todas ellas y para la mujer dominicana en general, sin importar su condición social, sin discrímenes de ninguna naturaleza y desterrando todo absurdo prejuicio les enviamos a través de este comentario nuestra más efusiva felicitación y las saludamos en la plenitud de sus valores como seres humanos en absoluta igualdad de derechos y aspiraciones de quienes, como hombres, tenemos además el deber de reverenciarlas en su condición privilegiada de dadoras de vida.

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domingo, 7 de marzo de 2010

Meta: construir un nuevo Haití como un estado viable

Aún cuando todavía persiste la situación de inmediato socorro que requiere el pueblo haitiano ante la magnitud de la tragedia que lo abate como consecuencia del sismo que devastó su capital y otras poblaciones afectadas, ya las naciones que han hecho ofertas de ayuda para entrar en la posterior segunda etapa, la de reparar los grandes daños provocados por el mismo y que en principio se han estimado en más de catorce mil millones de dólares, están planteándose la forma en que se puede y debe canalizar ese proceso.

Ya antes del fenómeno telúrico que ha dejado más de 300 mil víctimas y por sobre un millón de personas sin hogar, Haití se consideraba un estado fallido, con instituciones muy frágiles, un elevado nivel de pobreza y desempleo, altos índices de analfabetismo e insalubridad, una agricultura empobrecida por la erosión de sus suelos, una extendida corrupción y gran penetración de los carteles de la droga que lo han utilizado como base intermedia para sus operaciones en el plano internacional. Además, desde hace años se encuentra intervenido militarmente por la fuerza multilateral que bajo la bandera de la ONU y la denominación de MINUSTAH es la encargada de mantener el orden público después que su ejército fue desmantelado. El destructor seísmo no hizo más que llevar a extremos angustiosos los problemas que ya venía padeciendo Haití y que lo hacían figurar como el país más pobre del Continente y entre los más miseriosos del mundo.

Reparar los grandes daños sufridos al otro lado de la isla no es por tanto, tarea fácil. Pero no es quizás el mayor obstáculo acopiar los recursos materiales requeridos. Para ello, el Presidente Leonel Fernández ha planteado una réplica a escala menor del llamado Plan Marshall, que implementaron los Estados Unidos después de la II Guerra Mundial y que contribuyó a la espectacular recuperación de las empobrecidas economías de los países del Viejo Continente,desgarradas por el conflicto, salvo Suiza por su estatus de respetada neutralidad. Ejecutarlo en el caso de Haití representaría un desembolso de apenas dos a tres mil millones de dólares anuales por los próximos cinco años, cantidad manejable dentro del contexto de las finanzas mundiales.

Donde radica el problema que es a la vez desafío, se puede resumir en dos preguntas esenciales. La primera es con quién viabilizar esa ayuda, dado que el gobierno haitiano ahora mismo es prácticamente inexistente. Y la segunda, la elaboración de un plan que defina los destinos específicos que se daría a esos fondos. Esto así, sobre todo, si tomamos en cuenta que la meta a lograr no es la reconstrucción de Haití, en tanto esto sería simplemente volver a su condición fallida de antes del terremoto, sino de construir un nuevo Haití como un estado viable y en capacidad de garantizar la posibilidad de una existencia digna y un bienestar razonable a sus habitantes dentro de sus fronteras.

Los aportes, repetimos, no son la dificultad. El dinero aparece. Hay de sobra para cubrir el costo de los daños. Pero esos recursos no afluirán de seguro, si no se crean primero la estructura institucional, el plan a desarrollar y los mecanismos a través de los cuales se pueda ejecutar en la forma requerida, más eficiente y segura. Porque por más que mueva a compasión la infortunada tragedia de nuestro vecino territorial, ni los organismos internacionales ni las naciones aportantes tendrán vocación de hacer entrega de los recursos millonarios que se requieren en forma festinada, sin un control estricto de su destino y la garantía de que serán utilizados adecuadamente sin desvíos inescrupulosos que vayan a engrosar las cuentas bancarias de quienes siempre están al acecho para aprovechar cualquier coyuntura a fin enriquecerse sin importar las circunstancias por infortunadas que sean como en el caso haitiano.

Confiemos que ambas interrogantes, el con quién y para qué, encuentren adecuada respuesta para que a partir de los escombros presentes se pueda levantar el nuevo Haití del futuro en beneficio de los haitianos y también de los dominicanos.