lunes, 22 de marzo de 2010

Siempre llega la hora para el fin de las dictaduras

La muerte del disidente cubano Orlando Zapata al cabo de 85 días de huelga de hambre en protesta por los maltratos carcelarios, evitable según reconoce el Parlamento Europeo al condenar el hecho y demandar la libertad de los presos políticos cubanos y que, por consiguiente, se convierte en un crimen en la cuenta del régimen cubano, ha sacado de nuevo a flote el carácter autoritario e intransigente de la dictadura hereditaria más antigua del Continente.

A la muerte de Zapata y en protesta por la desidia, indiferencia y crueldad mostrada por sus carceleros, ha seguido otra huelga de hambre, la número 25 en los últimos quince años de los cuales ha estado once en prisión. Se trata del disidente cubano, Guillermo Fariñas, psicólogo y periodista independiente, antiguo miembro del Partido Comunista y combatiente en Angola a las órdenes del fusilado general Arnaldo Ochoa. Otro caso que es seguido con tenso interés por la comunidad internacional, principalmente los países de Europa que mantienen una sostenida vigilia por la situación en Cuba y la precaria condición de los derechos humanos.

Han sido inútiles los esfuerzos de la cada vez más desacreditada maquinaria propagandística del gobierno heredado por el segundo de los Castro, para tratar de desdibujar el dramático gesto de denuncia que ha representado el martirologio de Orlando Zapata al pretender presentarlo como un delincuente común. El intento se ha estrellado contra la firme posición de Amnistía Internacional que acogió a Zapata al igual que a otros disidentes cubanos encarcelados como prisioneros de conciencia.. Y de igual modo contra la recia condena acordada por abrumadora mayoría por el Parlamento Europeo así como el documento que encabezado por una serie de prestigiosas personalidades del arte, la cultura y la intelectualidad con el endoso de miles de firmas, demanda abrir las rejas de las cárceles donde más de doscientos prisioneros políticos purgan largas condenas de 20 y más años sin ser terroristas, ni haberse alzado en armas, ni promover atentados, ni participar en conspiraciones sino tan solo por el derecho a pensar y expresarse libremente.

Como para no dejar dudas de la naturaleza del régimen, a la muerte de Zapata ha seguido un aumento de la represión. Las escenas que muestran a las llamadas Damas de Blanco, madres, esposas e hijas de los presos políticos reclamando pacíficamente su libertad, atropelladas por grupos de paleros y por las propias fuerzas uniformadas en forma brutal en tres ocasiones consecutivas en otros tantos días, han dado la vuelta al mundo. Nadie que tenga ojos para ver puede ignorar el carácter detestable de los abusos de que han sido víctimas, por más que algunos por complicidad, oportunismo o cobardía se empeñen en no reconocerlo.

Un gobierno tiende a ser más represivo en la medida en que se siente más inseguro. La represión no es síntoma de fortaleza, sino de debilidad. Hoy, al cabo de más de medio siglo de reiterados fracasos económicos, Cuba no pasa de ser un Estado quebrado y una sociedad anclada en permanente mendicidad pese a disponer de un territorio rico y un pueblo capaz que siempre marchó a la cabeza de la región y el mismo Continente. Y las promesas reiteradamente incumplidas de una prosperidad que cada día luce más distante, ya no dejan espacio para año alimentar nuevas esperanzas, mucho menos reconocer el derecho de la gente a pensar y expresarse con libertad.

Quizás la reacción más contundente y convincente a la muerte evitable, crimen por tanto, de Orlando Zapata en reclamo de su derecho a disentir, fue la de una figura emblemática del propio régimen en el campo del arte: el cantautor Pablo Milanés quien en una entrevista de prensa al pedirle que opinara sobre el hecho, se limitó a contestar “las ideas se debaten, no se encarcelan”. Y nosotros agregariamos, tampoco se matan.

TELEDEBATE. Telefuturo, Canal 23. “teledebate(a)hotmail.com”


No hay comentarios:

Publicar un comentario