El estimado de perjuicios económicos varía. FENATRADO los calcula en unos 30 millones de pesos diarios. El Centro de Exportación e Inversión menciona la cifra de 1 millón 600 mil dólares que al cambio vienen a ser casi 57 millones de pesos en números redondos. En tanto, ADOEXPO, hace subir la cantidad a cien millones. Pero cual sea la cifra en definitiva, lo cierto es que las pérdidas por el conflicto entablado entre los camioneros dominicanos y los haitianos son de significación para ambos. De este lado, dejando de exportar a nuestro mercado natural más próximo y del otro, donde hay precariedad de todo género de abastecimientos, dejando de recibir suministros que les resultan tan necesarios.
Hasta ahora todas las negociaciones han fracasado, inclusive los esfuerzos de conciliación de esfuerzos emprendidos en común por nuestro embajador en Haití y el de éste en nuestro país. Pero lo más grave de todo es que los ánimos se encuentran en su punto más alto de agresividad. Los nuestros alegan que sus vehículos han sido atacados al otro lado de la isla por grupos de camioneros haitianos armados. La respuesta de este lado ha sido la línea bajada por Blás Peralta, quien dirige FENATRADO, para armar a su gente y sellar con sus camiones la frontera para que, según palabras textuales, “no pase ni agua”.
Visto desde fuera no parece que las exigencias de los camioneros haitianos tengan asidero. Ellos reclaman reciprocidad pero lo que están planteando al parecer es una especie de despojo. Se entiende que demanden las mismas facilidades para entrar aquí con sus camiones que tengan los nuestros para llevar su carga a destino en territorio haitiano. Donde radica el problema es que en tanto de aquí para allá hay un fuerte envío de artículos producidos localmente que el mercado vecino demanda, en sentido inverso es ahora mismo muy poco lo que Haití produce que nosotros podamos necesitar.
Pero de la gran diferencia que pueda haber no es responsable República Dominicana. Ni el hecho de que los camioneros haitianos dispongan de muchas menos posibilidades de servir nuestro mercado que los nuestros el de ellos, puede pretender ser compensada por aquellos con la exigencia de un peaje ilegal de cuatro mil pesos por cada vehículo y el donarles graciosamente la mitad de la carga que transportan los nuestros. Eso simplemente es intento de extorsión.
Al margen de estas consideraciones, debemos cuidarnos de no convertir esta controversia sindical en tema de Estado, incurriendo en el mismo error en que antes cayeron algunas autoridades haitianas con motivo del linchamiento de uno de sus nacionales que antes había degollado a un dominicano, en lo que fue consecuencia de un incidente particular.
Pero sí es de reclamar que nuestras autoridades intervengan de este lado y las haitianas del suyo para evitar que las pasiones se desborden y la sangre pueda llegar al río, afectando las relaciones bilaterales que el propio embajador vecino aquí, Fritz Cineas, definió en días recientes como “difíciles y frágiles”, en tanto se buscan indispensables fórmulas de solución para desatar el nudo fronterizo que mantiene paralizado el intercambio comercial en perjuicio de ambos.
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